“Bebe del vino querido”, me dijo ella, “toma tu tiempo y consúmelo completo”. Las 12 y 30 de la media noche indicaba el reloj cuando ya sentía el efecto secante de un vino tinto del 92. Incomodante situación la que se suscitaba, unas cortas palabras de explicación y un “lo siento” que se avecinaba. Pecados originales habían ocurrido. Caliente mi cuerpo, mis dedos adormecidos y una sonrisa jamás vista. “¿Lo estás disfrutando tanto como yo?”, preguntaba ella con un cierto tono de compasión y satisfacción. Sin poder contestar abrí los ojos y le agarré la mano. Ella puso mi canción favorita “para tu deleite”, mis piernas temblaban mis oídos timbraban, mis ojos rojos y mi traquea trancada. “Gracias por la explicación, tu deuda queda saldada”.
Saturday, November 12, 2011
El dulce sabor del resarcimiento.
“Bebe del vino querido”, me dijo ella, “toma tu tiempo y consúmelo completo”. Las 12 y 30 de la media noche indicaba el reloj cuando ya sentía el efecto secante de un vino tinto del 92. Incomodante situación la que se suscitaba, unas cortas palabras de explicación y un “lo siento” que se avecinaba. Pecados originales habían ocurrido. Caliente mi cuerpo, mis dedos adormecidos y una sonrisa jamás vista. “¿Lo estás disfrutando tanto como yo?”, preguntaba ella con un cierto tono de compasión y satisfacción. Sin poder contestar abrí los ojos y le agarré la mano. Ella puso mi canción favorita “para tu deleite”, mis piernas temblaban mis oídos timbraban, mis ojos rojos y mi traquea trancada. “Gracias por la explicación, tu deuda queda saldada”.
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